Vv. 30–36. Se reconocen como pecadores con soberbia a los que pecan deliberadamente contra
la voluntad y la gloria de Dios. Los pecados así cometidos son excesivamente pecaminosos. El que
así transgrede el mandamiento este reprende al Señor, y también desprecia la palabra del Señor. Los
pecadores soberbios la desprecian pensando que son demasiado grandes, demasiado buenos, y
demasiado sabios para ser gobernados por ella. —Se narra un caso particular de desafío en el pecado
de transgredir el día de reposo. La transgresión fue juntar leña para hacer fuego el día de reposo, en
tanto que el pueblo tenía que hornear y cocinar lo que tuviera ocasión el día anterior, Éxodo xvi, 23.
Esto fue hecho como afrenta tanto a la ley como al Legislador. Dios es celoso del honor de sus días
de reposo y no considerará inocente al que los profana, hagan lo que hagan los hombres. Dios
concibió este castigo como advertencia para que todos tomen conciencia de guardar el carácter
sagrado del día de reposo. Y podemos tener la seguridad de que jamás se dio mandamiento para
castigo del pecado, que en el día del juicio, no resulte haber procedido del amor y la justicia
perfectos. El derecho de Dios a un día de devoción a Él será disputado y negado sólo por quienes
atienten al orgullo y la incredulidad de su corazón en vez de oír la enseñanza del Espíritu de verdad
y vida. ¿En qué radica la diferencia entre aquel que fue sorprendido recogiendo leña en el desierto en
el día de Dios y el hombre que da la espalda a las bendiciones de las ordenanzas del día de reposo y
las promesas de las misericordias del día de reposo, para usar su tiempo, sus intereses y su alma en
acumular riquezas; y desperdicia sus horas, sus bienes y su fuerza en el placer pecaminoso? La
riqueza puede venir por el esfuerzo impío, pero no vendrá sola; tendrá su espantosa recompensa. Las
empresas de los pecadores conducen a la ruina.